Aprende a desaprender lo que no te sirvió de la infancia

5 rasgos de la infancia que deberíamos de conservar toda la vidaPor: Jazz Mendoza

Cuando le comenté al grupo de bloggers al que pertenezco, el tema que elegí para esta edición dedicada a nuestra niña interior, me dijeron que era un súper tema. Sin embargo, no pude evitar la sensación de presión y cierto miedo a “no dar el ancho” con mi texto, pues la inseguridad la traigo bien arraigada desde niña y con ella lucho constantemente.

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El cuarto oscuro…

Mi mamá era como un general al que cuidadito y desobedeciera o contestara, porque antes de defenderme ya me estaba dando unos buenos jalones de pelo o de orejas, o me aventaba lo primero que tuviera a su alcance, si me iba bien. Sabía que ya me había cargado la %&/$ cuando me dejaba encerrada en el cuarto de la azotea, que era de película de terror: lleno de cachivaches, sucio, oscuro, tenebroso… Ahí adentro, sola, pensaba que lo que hice era muy grave y terminaba asumiendo que lo merecía.

El deber ser…

Tuve una infancia dictada por normas de conducta, costumbres y creencias. Crecí con etiquetas, estereotipos y comparaciones. No había cabida a las malas palabras y mucho menos a la negociación, todo era blanco o negro, sin medios tonos. Sabía que tenía que obedecer y seguir las reglas o me iba a ir muy mal.

Fui una niña tímida, de pocos amigos y de calificaciones regulares. Y así llegué a mi adolescencia y luego a mi juventud, con miedo a opinar y con claustrofobia, creo que se lo debo al cuarto oscuro.

Cuando terminé la carrera me incorporé rápido al ámbito laboral y sabía que si “seguía órdenes” me iba a ir bien, así fue. Siempre fui la que no sabía decir “NO” aunque no pudiera, la matada, el robot que hacía lo que le pidieran, la que trabajaba por automático, pero nunca destaqué porque me daba miedo exponer mis ideas. ¿Y si estoy mal? ¿Y si me equivoco? ¿Y si se ríen de mí?

Rompe la muralla…

Lucho con mis demonios internos todos los días, así le llamo a lo que no me deja avanzar y que infortunadamente, sin querer, mis padres (más mi mamá) me enseñaron en mi infancia. Tuve que aprender a desaprender lo que me inculcaron y que hoy no me hace bien: cambiar mi forma de pensar, erradicar algunas creencias y costumbres. Desetiquetarme del “eres una inútil”, “cállate”, “no me contestes”, “qué no piensas” y frases más fuertes. Perder el miedo a expresar lo que siento y pienso, y ser más independiente y segura mí misma.

Quédate con lo bueno…

Cumplo años en diciembre, el día 22, y mi mamá siempre me festejaba con una posada; se desvivía en los preparativos, haciendo el ponche, en atender a los invitados. Fue una mujer comprometida con su papel de madre, pues la casa siempre estaba limpia, la ropa impecable, la comida casera hecha y nunca faltaba a las juntas escolares, aunque con mis hermanos (somos cinco en total) era complicado, pero siempre se las arreglaba. Ah, y los domingos de misa eran sagrados.

¿Resentida? No, nunca lo estuve y ahora que soy mamá menos, pues estoy segura de que los padres (o la mayoría) somos incapaces de hacer daño conscientemente a nuestros hijos. No ha sido fácil quitarme de encima tanta paja, pero hoy estoy convencida del poder del pensamiento: aquello que piensas, experimentas, ¡lo atraes!

Te invito a reflexionar tu vida. Encuentra tus demonios internos y lucha contra ellos, aprende a desaprender lo que te enseñaron tus padres en tu infancia y que hoy no te deja avanzar o no te hace bien. Recuerda:

No eres lo que te ha sucedido. Eres aquello en lo que elegiste convertirte”.

¡TE AMO MAMI!

Jaz Mendoza
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Portada edición abril

Edición 3

10 cosas que extraño de la infancia, de Ale Figueroa

La niña que no quiero dejar de ser, de Ana Qué con Qué

Bullet journaling, ¿qué es y cómo nos puede ayudar a conectar con nuestra niña interior?, de Bianca Pescador

Soy hija de familia: ventajas y desventajas, de Aydée Chica Plus

¡Quiero ser niña otra vez! de Cris Mendoza

5 rasgos de la infancia que deberíamos de conservar toda la vida, de Marly

Soy una mujer madura con responsabilidades, y me sigo divirtiendo, de Nelly Potenciano

A divertirse como enano, de Susana Porras de Glam Weddings

Aprende a desaprender lo que no te sirvió en tu niñez, de Jazz Mend

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6 comentarios en “Aprende a desaprender lo que no te sirvió de la infancia

  1. Cris Mendoza dijo:

    ¿Y cómo le hago para salir en la calle y que se note que no tiré lagrimita después de leerte? Después de esto, te admiro más. Y no por la historia en sí sino por tu actitud. Me encanta, Jaz, cómo tomas las lecciones para ver: ¿quiero esto en mi vida? ¿Me sirve?

    Súper cierto. Gracias por compartir.

    Me gusta

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